Aquí, tirando…

Aquí, tirando…

¿Cómo te van las cosas? Aquí… tirando; sobreviviendo; ahí vamos; podía ser mejor; aguantando el chaparrón; pringando; como siempre; no me quejo; la cosa está muy mal; me doy con un canto en los dientes; ¡Con la que está cayendo! Estarás de acuerdo conmigo en que todas estas respuestas no son nada esperanzadoras, sin embargo no dejamos de decirlas ni de escucharlas.

Es cierto, quizá vivimos unos momentos políticos convulsos, el mercado de trabajo es complicado y vivimos en una vorágine constante, pero ese tipo de respuestas que parecen inocentes y cotidianas realmente tienen un nombre: quejas. Las quejas están por todas partes, las hemos normalizado ¿Realmente estamos tan mal? Pese a que hay situaciones dramáticas e irreversibles, no creo que estemos tan mal, y aún así más de un 95% de las cosas que nos suceden al día las pasamos por el filtro de la fatalidad.

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Las quejas aparecen en el momento en el que el mundo o las personas no son como tu criterio cree que deberían ser. Tu expectativa no se ha visto cumplida y aparece (aunque bastante camuflada) la ira y el enfado. Por eso solemos juntarnos con personas que se quejan de lo mismo y dando lugar a pequeños grupos que se consuelan entre ellos (véase la máquina del café en la empresa, la barra de un bar o una manifestación). Convertimos las quejas en verdades.

Pero todo ello esconde una gran trampa, y es que las quejas, el lenguaje que usamos cada día, determinan el destino de nuestras vidas. En función de las palabras que utilices van a ocurrir unas cosas u otras. Dicho de otra manera, vas a tener una vida u otra según tu manera de hablar y de lo que te dices a ti mismo. Precaución.

La vida no es para ir tirando, ni para pringar, ni es lo que hay, la vida tiene un propósito para ti, una misión en la que poniendo tu Talento y tus dones al servicio de los demás puedes hacer bien el Bien en este mundo, con entusiasmo y pasión. Es imposible e incompatible que aparezcan las quejas cuando se vive desde la pasión.

Y sí, desde la queja se vive muy cómodo y seguramente consigas más amigos (ya sabes, mal de muchos…), pero tomar la decisión de desterrar la negatividad y apostar por un pensamiento y un lenguaje positivo, motivador y sin excusas ni echar balones fuera, puede ser la diferencia que marque la diferencia en tus días… y en tu vida.

Tú decides.

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