No somos una generación perdida

No somos una generación perdida

Se ha hablado mucho del narcisismo de los millenials, de los ni-nis, de lo bien preparados que estamos, e incluso que somos la primera generación de la Historia que vivirá peor que sus padres… pero nada más lejos de la realidad. Si algo nos ha enseñado a los jóvenes el momento histórico que estamos viviendo (crisis, nuevas tecnologías, retos medioambientales…) es que tenemos el poder y los recursos suficientes para cambiar el mundo.

Los jóvenes tenemos el poder y los recursos suficientes para cambiar el mundo Clic para tuitear

El mundo ha cambiado mucho a cómo nos lo vendieron nuestros padres, pero no por ello es peor. Es nuestro momento, el de los jóvenes, para demostrar que somos capaces de dar un buen uso a la educación que recibimos, a los -quizá excesivos- contenidos y estudios cursados y a poner en tela de juicio las recetas que en el pasado no funcionaron. Es el momento de demostrar que no somos una generación perdida.

Aunque muchos nacimos en plena transición analógico-digital (sí, yo también he grabado en cintas de cassette y las he rebobinado con un bolígrafo BIC, y también he utilizado Diskettes de 3 ½), es cierto que las nuevas tecnologías las dominamos (aunque no tanto como los «nativos digitales» o Centenialls) y ya están presentes en nuestro día a día para todo. Gracias a estas podemos apalancarnos aún más para crear verdaderos proyectos humanistas y sostenibles, como imprimir protésis 3D para personas desfavorecidas, crear plataformas digitales para negocios saludables, disfrutar de apps móviles que te recompensan por ser sostenible, experiencias de Realidad Virtual para reducir el estrés o para sacar una sonrisa a niños hospitalizados, y un largo etcétera. Pero no solo proyectos digitales, también proyectos más «analógicos» como botellas de agua que construyen pozos en África, orientación para adolescentes, …

Si algo tienen en común todos estos proyectos (a parte de que los admiro profundamente) es que están formados e impulsados por jóvenes con propósito, con una misión, y hacen todo lo posible para cumplirla, cueste lo que cueste.

Por lo tanto, ¿somos una generación perdida? ¿o simplemente somos diferentes?

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