¿Qué podemos aprender del coronavirus?

¿Qué podemos aprender del coronavirus?

El virus COVID-19, también conocida como enfermedad del coronavirus, es el tema del momento, y no es para menos, ya que lo que empezó hace unos meses como un virus aislado en China ha acabado por convertirse en una pandemia mundial. Sin duda, una tragedia.

Ante todo, debemos mantener la calma y seguir las pautas de las autoridades sanitarias, sin excepción, para minimizar el contacto con el resto de personas. En estos momentos la responsabilidad individual —como siempre— es una de las cualidades fundamentales a la que cada uno debemos apelar para sí mismo. No hay que esperar a que otros nos «salven» —llámese políticos— o nos tengan que decir que es crucial una buena higiene, evitar el contacto en aglomeraciones y confinarnos en casa… No somos niños.

«Es incorrecto e inmoral tratar de escapar de las consecuencias de los actos propios». Mahatma Gandhi

Dicho esto, y considerándolo como una situación delicada y excepcional, me gustaría extraer unas lecturas de aquello que el coronoavirus ha hecho patente y que nos puede servir de ayuda para mejorar como sociedad y que no se vuelva a repetir una situación similar. Como se suele decir, «el sufrimiento es el motor del cambio». Todo tipo de cambio.

¿Qué podemos aprender del coronavirus?

  • Vivimos en un mundo global. Tal y como se ha comprobado, la globalización hace gala en este s. XXI. El virus se inició en China, un lugar a priori lejano, pero que a través de la facilidad para movernos por el mundo se ha ido extendiendo por todo el mundo.
  • Economía. Casi toda la industria de Europa y de EEUU fue deslocalizada en los países asiáticos, lo que ha provocado que el mundo se haya paralizado completamente, trayendo consecuencias fatales para las economías internacionales y locales. Por contra, hemos visto que negocios vinculados con los bienes de primera necesidad e higiene han repuntado como nunca lo habían hecho. Esto demuestra que no se trata de un ciclo económico, sino de una coyuntura y que, como tal, se debe abordar de manera diferente.
  • Teletrabajo. Hemos podido comprobar que no estamos tan preparados —ni en medios ni en costumbres— para teletrabajar como se trata de divulgar desde hace años con la digitalización y la Transformación Digital. Ha sido un proceso abrupto e improvisado más que una estrategia meditada y preparada.
  • Medios de comunicación. Los medios de comunicación masivos y las redes sociales han sido los canales perfectos para difundir el miedo, la alarma y la desinformación, sin desmerecer a aquellos profesionales rigurosos y comprometidos por la información veraz.
  • Irresponsabilidad personal. El miedo difundido en medios, la desinformación y la naturaleza humana ha hecho que afloren los instintos más básicos. Hemos visto —y seguimos viendo— supermercados arrasados, aunque al mismo tiempo terrazas, bares y eventos sociales llenos, expuestos —consciente o inconscientemente— a ser contagiados y a contagiar, con el peligro de hacerlo a ancianos y otros grupos de riesgo. Quizá estemos esperando a que el gobierno o una autoridad competente nos «obligue» a no propagar el virus.

Me gustaría acabar dando mi enhorabuena y mi genuino reconocimiento a las personas y profesionales que están ayudando a que esto pase a ser un capítulo más de la Historia y saquemos valiosas lecciones para la humanidad. GRACIAS.

Artículo escrito el día 08/03/2020

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